Cuando su alma sea conducida
al lugar donde no se come ni se bebe
y sus pieles se derritan bajo tierra o fuego
te daré mi mano, amiga
la que un día sujetó.
Cuando rodeado de flores y llantos de extraños
se encuentre su lecho eterno
y quizás mires con odio el rostro que un día admiró,
no te juzgaré, mi amiga.
Cuando ni tú ni yo seamos
las elegidas para acompañarlo
hacia el final de los caminos,
podré brindarte mi hombro
donde durmió como un niño.
Cuando no podamos distinguir entre sollozos
cual llanto es mas estruendoso
y no alcancen condolencias
para los pechos de hembras
te prestaré mi pañuelo, para que llores conmigo.
Cuando me saques en cara nuestra ruina compartida
y aquél amor desbocado del que alguna vez me habló
no te juzgaré mi amiga
porque a mi también
me amó.
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