Serenidad
No quería más nada
Ninguna pasión frenética
Ninguna locura pretenciosa o maniática
Pedía una angustiante paz
Una tormentosa calma
Un huracán de alivio
Una guerra de paz
Serenidad
No quería más nada
Pero le crecía la nariz
cuando pedía
Lirio del Aqueronte. Antología de poesía y prosa Por Mariangeli Florez
Serenidad
No quería más nada
Ninguna pasión frenética
Ninguna locura pretenciosa o maniática
Pedía una angustiante paz
Una tormentosa calma
Un huracán de alivio
Una guerra de paz
Serenidad
No quería más nada
Pero le crecía la nariz
cuando pedía
El día que muera nadie beberá ron, ni anís hasta el hartazgo
hasta devolverlo en llanto
Mi hijo preguntará ¿por qué no vino nadie?
Las paredes fingirán no oírlo.
La Europa latina nunca oyó un timbal salsero, ni hizo bailar un féretro.
No le cantarán a un muerto.
El día que muera, sabré exactamente lo que sucede afuera de mi cuerpo.
Y escucharé el murmurar perverso del chisme de los vecinos que oyeron
que murió en su pueblo
un extranjero
Y que nadie vino a verlo.
¿Que persigues?
Arte
Manos húmedas
Alfombras de terciopelo
Un verano en Nueva York
Copas fajinadas
El cuerpo perfecto
Los rizos rubios
Pies de ballet
Una fractura
La bella muerte
La caída del sistema
Anoche se cayó mi anillo de bodas.
Ahora que lo sé, soy trendy, pero es real.
Odias todo, pero en realidad solo odias...
Anoche se cayó mi anillo de bodas al piso...
Hace cinco años que toco la espalda de un extraño en mi imaginación
Es un oso
Un oso extraño
No es tan grande
Pero mi mano cabe completa dentro de la suya
No es tan peludo
Pero te envuelve en una inmensa manta oscura que calienta el invierno
No sé quién es,
nunca lo supe.
Se que lo ví un par de veces
Tal vez dos lo escuché hablar
Y quizás pasé todas las horas de una luna enredada en la inmensidad de su cueva…
Pero sigo sin saber quién es este extraño
Solo sé que entra en la habitación, como un huésped habitual
Uno que sabe exactamente dónde, cómo, cuándo...
Dónde, cómo, cuándo...
Un oso extraño cuya figura encaja perfecta en el tablero de la mía.
Un oso extraño que usa el fuego
para encender la noche
Uno que posa el humo en sus labios y gira, gigante, majestuoso, ante mí.
Entonces veo su silueta y noto que hace cinco años toco la espalda en un extraño en mi imaginación
Pero
hoy mi mano ya no la traspasa.
Asistes con tu velo oscuro a mi casa
Nuevamente
Como si siempre hubieses estado
husmeando en mi jardín
Como si te regodearas
Al destruir lo brillante en los juguetes de los niños
Como si hubieses nacido para derretir sueños y hacer trizas y cenizas las estrellas más lindas de mi suelo
Estoy harta de ti
y justo cuando creo que tu velo se desarma
en la esquina de mi cuadra
Y que me concederás la tregua
Y me siento a contemplar el cielo en mi jardín
Reluciente en tu filoso velo
engalanado de tragedia
Desfilas frente a mi puerta
Mariposa negra y maldita.
Cocinas la desolación cuál crisálida
Obligandome a pegar gritos mudos al cielo
Cuando apareces
con tu alas extendidas
a tapar la luz del sol
Desarmando las paredes
de todas las casas donde
Construimos un hogar
Tú siempre
oscura y vil
Asistes con tu velo oscuro a mi casa
Nuevamente
Como si siempre hubieses estado husmeando en mi jardín
Entro a las hélices del vacío
Dónde existe un grito hueco
De preguntas destripado
En las agujas del tiempo
Mil sentidos tiene el verso
Mientras sola le converso
A esa silueta arrollada
Y a tu voz que yace dentro