miércoles, 14 de diciembre de 2016
domingo, 4 de diciembre de 2016
sweet child of the desert
Si al hombre le dijo niño alguna vez,
fue para enaltecer su ternura
y poblar la sabana de sus párpados; de luz,
Y así vencer a la muerte.
Brindar juventud a aquél espíritu añejo
- podía -
al llamarle: "niño"
No como adjetivo
Sino como sustantivo
Niño
que en saltos celestinos lloraba y sonreía
con el mismo par de labios que al compás de gestos cándidos
le daban vida a las cosas.
Niño
porque niño fue
dentro de las habitaciones convertidas en diván.
Y se escondía
y estrujaba los ojos por las madrugadas y las mañanas
como queriendo ocultarse del sol
Como queriendo esconderse de quien le reflejase aquella luz tenue;
propia de su alma.
Niño porque pidió a gritos -con silencios-
que hallase y que callase los eclipses del desasosiego ocultos en tanta calma...
Niño
porque pudo
- como un niño -
esconderse tras las faldas del cariño
y la ternura
de la sensibilidad.
Tantos los motivos por los que llamarle niño
al "varón"...
Ese ronquido particular de cuerpos pequeños
-indefensos -
cuando están semidormidos...
Esa forma de hacer rebotar las pelotas de sus ojos sobre todas las cosas
y reavivar la belleza de las bolsas de plástico que vuelan con el aire...
O por siempre llenar entero al mundo, de ternura;
con su rostro y su puño valiente, que al igual que un niño, no sabe temerle a la muerte.
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