Tenía un afán caballeresco por abrir las puertas
y arrojarme a la intemperie del camino
sin importarle mi rumbo
Cejas fruncidas y puño cerrado
ahí vienen otra vez
sus malditos puñales
Se desangran
mis heridas ya secas
y a todos ha de llover mi sangre.
No es más
no es más que dolor
dolor que duerme despierto.
Despierta y se agudiza
y la mayoría de las veces
vuelve a esta sangre seca.
Regresa nuevamente
a soplar de sus ojos
un aire caramelo
Pero no es para endulzar
tampoco para iluminar
menos para abrir la puerta con afán caballeresco.
domingo, 6 de julio de 2014
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